Una apuesta mundial hacia el futuro de la energía

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Por:Lissette Muñoz Parache, M.S.
E-mail: lmunozp83@gmail.com

El mundo apuesta por el desarrollo de la energía renovable, y es tan imperativo este modelo, que las grandes potencias están invirtiendo a gran magnitud para que el mundo dependa de estas nuevas fuentes de energía. La búsqueda indetenible de nuevas fuentes, ha sido el promotor para despertar un nuevo amanecer en el globo terráqueo.

La velocidad del cambio a una economía limpia es simplemente asombroso. En este año, se han instalado medio millón de paneles solares por día, mientras que China ha levantado dos turbinas eólicas por hora. Se construyen granjas eólicas en Dinamarca, granjas solares en Marruecos, y granjas de olas en Escocia. En Alemania o China tienen tanta energía renovable que no pueden manejarla. Por ejemplo, los parques eólicos del norte de Alemania generan tanta energía (solo en 2015, 4,100 gigavarios por hora), por lo que pagar a las empresas para que apaguen las turbinas se ha convertido en algo habitual.

Donde sea que se mire, se está llevando a cabo un esfuerzo mundial sin precedentes. Y es ahí, donde aproximadamente la mitad de la capacidad eléctrica mundial podría provenir de la energía solar para 2025, según McKinsey y Compañía. Diversos países de América Latina y el Caribe, beneficiados por sus recursos excepcionales y un marco regulatorio avanzado, han experimentado un rápido crecimiento en proyectos de energía solar, durante los últimos años.

Sin embargo, hay un tipo de energía que ha despertado el interés de grandes potencias. Descubrimientos como la energía azul u osmótica se da como consecuencia del encuentro entre el agua salada y el agua dulce, al producirse una diferencia de presión. Esta se presenta como una de las alternativas limpias a los combustibles fósiles que se barajan. Es una opción más a sumar a las fuentes renovables tradicionales, como son la eólica, la solar o la hidráulica. Y lo cierto es que puede tener una gran repercusión.

Se dice que este tipo de fuente alternativa podría producir electricidad como para abastecer el 40% de las necesidades mundiales. Y no en vano, los factores que intervienen en la generación de energía son abundantes: el agua salada y la dulce.

La energía azul se obtiene debido a la diferencia de concentración de sal entre el agua salada y la dulce. El encuentro de los dos líquidos se puede aprovechar para generar electricidad, con el agua salada como único residuo. Las posibilidades son enormes, teniendo en cuenta la gran cantidad de ríos que desembocan en el mar.

¿Cuál es la recompensa? Este sistema de electricidad más inteligente, más descentralizado y más conectado tiene el potencial de aumentar la confiabilidad, la seguridad, la sostenibilidad ambiental y la utilización de activos, y crear nuevas oportunidades para servicios y negocios. Empresas como Google ha anunciado que planea funcionar 100% con energías renovables en 2017 todas sus operaciones a nivel global . Y es que este tipo de fuente alternativa podría tener un papel protagonista en el futuro.
Son recursos naturales que se encuentran ahí fuera esperando ser aprovechados.

CASO REPÚBLICA DOMINICANA
Si nos remontamos a los antecedentes del sistema eléctrico dominicano nos vamos al año 1894 cuando se iniciaron los procesos de instalación del primer generador eléctrico en el país.
En ese entonces, fue suscrito un contrato entre el señor Emilio C. Joubert, quien luego fue embajador dominicano en Estados Unidos y la Edison Spanish Colonial Light Company incorporada en Nueva York dos años antes, que controlaba las patentes de alumbrado eléctrico del inventor Tomas Alva Edison para Cuba, Puerto Rico, República Dominicana y otras colonias españolas.

La manifestación de una nueva era fue un 5 de enero de 1896 que bajo la canción “Viva el progreso” compuesta y tocada por José Reyes en la plaza Colón quedó inaugurado a orillas del rio Ozama el primer generador eléctrico que proporcionaría electricidad a parte de Santo Domingo.

Desde hace 123 años, nos embarcamos en un proceso de transformación que aun no se ha logrado, ya que lo que hemos producido, no da abasto para cubrir la mayor parte de la demanda eléctrica nacional. Actualmente, la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE) presentó, en conjunto con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), un informe que muestra la situación nuestra como el país con más apagones por mes en América Latina y el Caribe, y con mayor dependencia de generación eléctrica a partir de los derivados del petróleo, un 52%.

El asesor técnico del BID, Ramón Espinasa, autor del informe “Iluminando el Futuro: Electricidad en Centroamérica y República Dominicana (CARD) en el 2040”, presentado en la CDEEE, entiende que la situación energética local es más un problema de transmisión y distribución que de generación.

En este informe del BID, se plantea que no es sencillo calcular el daño al desarrollo (económico, social, cultural, educativo, emocional y político) imputable a la crisis del sector eléctrico en el transcurso de más de cuatro décadas. Este informe establece que, “las raíces de dicha crisis están claramente diagnosticadas: i) tarifas no flexibles que no cubren los costos, ni promueven la eficiencia en la cadena de suministro ni estimulan las nuevas inversiones; ii) altos niveles de pérdidas técnicas y no técnicas; iii) subsidios no focalizados que fomentan el desperdicio y que son regresivos 2 desde el punto de vista distributivo; iv) alta incidencia de fraude y cultura del “no pago”; v) instituciones débiles, con inadecuada capacidad para asumir las responsabilidades atribuidas mediante las leyes y otras normas que rigen el sector; vi) alta dependencia de combustibles derivados del petróleo; vii) baja eficiencia del parque de generación, predominantemente térmico; viii) altos precios de compra de energía por parte de las distribuidoras; ix) baja calidad de la infraestructura eléctrica (redes de transmisión y distribución); x) poca capacidad de las empresas de distribución para implementar normas y procesos transparentes en el ciclo comercial; y xi) contratos de compra de energía en algunos casos mal estructurados. Estos rasgos subyacen a las crisis recurrentes que han afectado al sector durante décadas, con un patrón común de cadena detonante: cualquier coyuntura de shock externo (petrolero, cambiario o geopolítico) impacta directamente los costos y el servicio”.

En tal sentido, el gobierno Dominicano en su plan nacional, dentro del marco de la Estrategia Nacional de Desarrollo 2010-2030, se ha planteado para el cuatrienio 2013 –2016 dos objetivos para el sector energético: 1)asegurar un suministro confiable de electricidad, a precios competitivos y en condiciones de sostenibilidad financiera y ambiental, 2) Garantizar un suministro de combustible confiable, diversificado, a precios competitivos y en condiciones de sostenibilidad ambiental.

Ante la necesidad imperante de desarrollar nuevas fuentes de energía, el gobierno Dominicano ha apostado al desarrollo de Punta Catalina, para mitigar parte de los problemas planteados, y encaminarnos de una cultura correctiva hacia cultura preventiva. Muchos son los obstáculos presentados para el desarrollo de esta planta, que abastecerá entre un 35% a 40% de la energía demanda, a razón de que afecta muchos intereses. No obstante, el pago por el subsidio eléctrico anual, desde el 2005 al 2016 asciende a US$9,976.2 millones, mientras que el costo del proyecto es de aproximadamente US$2,402 millones. Por lo que, si nos vamos a los beneficios, diría que el primer es la independencia que tendremos de un sistema monolítico, donde siempre las compañías generadoras son las protagonistas de los contratos y de las ganancias. Creo el en desarrollo de energía renovables, y el país cuenta con una ubicación estratégica para el desarrollo de la energía solar o fotovoltaica, eólica e hidráulica. Ya es hora de apostar al futuro, y escoger la ruta del progreso, de la innovación, de la protección del medio ambiente, del desarrollo sostenible.